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Cómo saber en cinco minutos si un token no tiene mercado de verdad

Hay una diferencia entre un precio que puedes leer y un precio que puedes realizar, y en los tokens pequeños esa diferencia lo es todo. Existen tokens que anuncian una capitalización de varios millones y cuyo único mercado tiene unos cientos de euros al otro lado: el precio es real en el sentido de que la pantalla lo muestra, y ficticio en el sentido de que no puedes salir a él.

Las cuatro comprobaciones que siguen son públicas, gratuitas y se hacen en cinco minutos. No dicen si un proyecto es bueno; dicen si existe un mercado.

1. La capitalización es una multiplicación

Capitalización = precio × suministro circulante. No es dinero invertido, y en un mercado fino unos pocos miles de euros de compras pueden mover el resultado en millones. Es el número más citado y el menos informativo de los cuatro.

La comprobación es compararlo con el volumen de 24 horas. Si el volumen es una fracción minúscula de la capitalización, la conclusión prudente es que no hay mercado, por grande que sea la cifra de arriba. Los dos datos, para las 250 mayores, están en la lista de criptomonedas.

2. La liquidez del par, que es el dato que de verdad decide

Un token puede aparecer «listado» en muchos sitios y negociarse en ninguno. Lo que importa es cuánto hay en el mercado donde realmente cotiza:

La regla mental: si la liquidez total del par es menor que la posición que quieres tomar, no hay salida a ese precio. Y si el volumen enorme está concentrado en una única plataforma desconocida, eso informa sobre la plataforma más que sobre el token.

3. Concentración del suministro

Cuánto del total está en las primeras direcciones. Es un dato estático, público en cualquier explorador de bloques y difícil de disfrazar. Si unas pocas direcciones tienen la mayor parte, no hace falta ningún truco para hundir el precio: basta con que una decida salir.

Con dos cautelas al interpretarlo. Una dirección no es una persona, y una persona puede tener cientos. Y algunas de las direcciones grandes son de exchanges, que custodian fondos de mucha gente. Lo que se busca es un patrón, no un nombre.

4. Qué permisos conserva el contrato

Es la comprobación que menos gente hace y la que más rápido descarta. Un contrato inteligente puede conservar funciones privilegiadas: emitir unidades nuevas, cambiar las comisiones, pausar las transferencias o impedir las ventas. Si existen, «no hace falta confiar en nadie» es simplemente falso.

Lo mismo con la liquidez: si quien creó el fondo puede retirarla, puede hacerlo cuando quiera. Eso es la mecánica de un rug pull, y por eso se mira si está bloqueada y hasta cuándo.

Y una precisión sobre las auditorías: «auditado» sin informe publicado no es información, y una auditoría real reduce el riesgo del código sin decir nada sobre las intenciones de quien tiene las llaves.

Dos señales adicionales que cuestan un minuto

  • Actividad real frente a anuncios. ¿Hay transferencias, desarrollo, uso? Un proyecto puede apagarse sin que nadie retire nada de golpe: simplemente el equipo se va y el token se queda cotizando. Se ve en el explorador, no en las redes sociales.
  • Coherencia interna de las cifras que publica. Cuando un proyecto anuncia una cantidad recaudada, compruébala contra sus propios números: total de unidades por precio máximo de venta. Si el resultado es incompatible con lo anunciado, no hace falta más investigación.

La trampa fiscal que agrava todo esto

Un token ilíquido no solo es difícil de vender. En España, si llegaste a él cambiando otra criptomoneda, esa permuta ya generó una ganancia o pérdida patrimonial en el momento del cambio, valorada por el mayor de los dos valores de mercado en juego. Es decir: puedes tener una ganancia declarable por una operación que acabó en cero, y encima con un valor de mercado inflado por un mercado que no existía.

Es el argumento menos romántico y más contundente para hacer estas cuatro comprobaciones antes y no después. El detalle está en impuestos.

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